Nos Visitó I.E. Fe y Alegría 62 – Chiriaco

30 09 2011

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Anuncios




Actividades Primaverales

30 09 2011


El pase de diapositivas requiere JavaScript.





Dios También es Ciencia

30 09 2011

Uno de los mayores privilegios que puede tener una persona, es el de ser consciente en todo momento de cuanto le rodea. Para adquirir esta conciencia, es necesario conocer la realidad de nuestro entorno y de nuestra trascendencia. No es una tarea difícil, ya que mediante la observación, con voluntad y esmero podemos llegar a relevantes conclusiones. Un buen ejemplo podría ser la observación de nuestro propio cuerpo, un ‘universo en miniatura’.

Dado que mi profesión me ha permitido conocer el funcionamiento del cuerpo humano en profundidad, me gustaría comentar algunos de sus aspectos como testimonio y homenaje a su perfección y grandeza. Creo que tenemos la responsabilidad de conocer mínimamente nuestros propios cuerpos, por utilizarlos durante nuestra vida en este plano físico.

Tras estas palabras de introducción iniciaremos un breve viaje a través del maravilloso cuerpo humano que nos servirá de ejemplo para llegar a una importante conclusión, puesto que su funcionamiento refleja toda una filosofía de vida que ayuda a entender el sentido de nuestra existencia.

Nuestro cuerpo está formado por una serie de sistemas, constituidos por millones de pequeños individuos o diminutos seres llamados células, que poseen su propia identidad y que cumplen una misión determinada. Unas, por ejemplo, transportan el oxígeno de un lugar a otro del organismo; otras, constituyen el sistema de seguridad, se encargan de poner orden en los problemas y eliminar todo aquello que nos puede dañar (este sistema actúa cuando somos infectados por algún elemento extraño como una bacteria o un virus). Otras células llamadas plaquetas, tienen la misión de actuar todas juntas haciendo de cemento o tapón, sellando velozmente las grietas o heridas producidas. Otras, las células del hígado, se encargan de seleccionar y alimentar a todas las células del organismo a partir de las sustancias que hemos ingerido una vez tratadas debidamente y absorvidas por las células del estómago y del intestino. Asimismo, las células del riñón eliminan los productos tóxicos producidos por el mismo organismo para evitar posibles daños. Otro ejemplo, podría ser las células nerviosas, encargadas de que todo funcione en el orden correcto y establecido. Y otras tantas que son imprescindibles para respirar, oír, ver, oler, sentir, etc.

En definitiva, todos estos procesos constituyen una compleja ‘sociedad’ de células, todas ellas con sus respectivas funciones. A su vez las células forman órganos y esos órganos forman sistemas y así sucesivamente en una escala ascendente, cada vez mayor.

Además de estar continuamente activas, todas permanecen en alerta para intervenir de forma inmediata en caso necesario. En el organismo no existe ningún elemento que no tenga una función útil y necesaria dentro del engranaje general.

¿No les parece increíble toda esta maravilla?. Debo confesarles que a mí me encanta, aunque me imagino que ya lo habrán notado. Además, la mayoría de estos procesos se realizan de una forma totalmente inconsciente por nuestra parte, mientras nosotros nos desenvolvemos de modo habitual.

No es mi intención cansar al lector con demasiados detalles propios de la literatura médica, sino insistir en la gran perfección e inteligencia con la que se desarrollan todas y cada una de las funciones del organismo.

Tenemos la gran responsabilidad de cuidar y mantener nuestro cuerpo lo mejor posible, todas las células que trabajan para, por y con nosotros, se han ganado a pulso un respeto que no debemos menospreciar.

Visto lo anterior y como pequeña muestra de todas las cosas creadas, todo, absolutamente  todo, está interrelacionado. Estos diminutos seres llamados células colaboran entre sí y se ayudan mutuamente. Es una gran cadena en la que uno tira del otro y así sucesivamente en una relación sin fin.

Las distintas células que forman un sistema no podrían existir sin las otras, ya que todas son imprescindibles para realizar una misión conjunta. No solamente cumplen su misión, sino que existe un ‘control de calidad’, de manera que si alguna incumple sus deberes, tarde o temprano se acaba destruyendo para no perjudicar al resto. ¿No sería un acierto tomar ejemplo de ellas? ¿Qué máquina conocen ustedes construida por el hombre que sea tan perfecta, que dure 70 u 80 años sin interrupción y que sea capaz de hacer múltiples funciones a la vez de forma autónoma? No pierdan su tiempo en pensar ni un segundo; no existe ninguna que cumpla estos requisitos. Por tanto, ¿de dónde creen que puede haber salido?, ¿de una explosión llamada Big Bang, de elementos desconocidos que ocurrió de modo casual en no se sabe qué lugar del espacio? No se engañen, eso es absolutamente imposible. No existe orden en el desorden, ni existe algo en la nada. Por otro lado, si todo hubiera surgido de una selección natural, ésta debería haber sido muy rápida y eficaz al probar infinidad de posibilidades con el fin de avanzar en todos los niveles alcanzado este grado de perfección ‘casual’. Creo que por estas y muchas otras razones la afirmación sincera de que existe Alguien superior a nosotros cae por su propio peso. Y si ese Alguien es capaz de crear, ordenar, gobernar y de mantener todo cuanto existe, es evidente que sería propio de una  inteligencia infinitamente superior a la nuestra.

No solo el organismo humano refleja esta estructura que hemos ido comentando, todo, absolutamente todo, está inteligentemente ordenado y gobernado, desde el átomo hasta el mayor de los cuerpos celestes.

El origen y la explicación a muchos de estos temas, han sido motivo de análisis por parte de los científicos durante siglos, llegando a considerar que la ciencia es el extremo opuesto a la trascendencia y a la existencia de Dios. Pero ateniéndonos a lo escrito, podemos afirmar que la ciencia también es Dios, ya que todo lo que existe, vive, late, evoluciona, crece, piensa y vibra,  lo hace porque es Dios quien da su propia esencia o energía para que esto sea posible. Esa Energía es el orden para que todo sea ordenado, es la belleza para que sea admirado, es la fuerza para que crezca, es la inteligencia para que piense, es la compañía para que comparta, es la riqueza de matices para que se desarrolle,… en una palabra; es la VIDA.

No es necesario invertir el tiempo en complicadas y difíciles teorías sobre nuestra existencia, o la existencia de Dios, o nuestra misión en la Tierra, la muerte o el sentido de la vida. Es mucho más sencillo y cercano. Fíjense y observen a su alrededor, abran sus ojos y analicen todo lo que les suceda. Observen la Naturaleza y también su propio cuerpo. Lo pueden hacer desde su casa, sentados en su sofá, desde su trabajo o donde quiera que estén. Saquen sus propias conclusiones y sigan el ejemplo de sus propias células. Se preocupan por nosotros y cumplen con su misión formando parte de nuestros cuerpos. En su Universo en miniatura constituyen sociedades colaborando estrechamente en sus diferentes actividades y siendo responsables de sus obligaciones. Nosotros igual que ellas y como pequeñas células del Universo, somos parte de una sociedad compleja y relacionada entre sí. Primero formamos parte de nuestra familia, de nuestro entorno más cercano, de nuestra región, de nuestro país, de nuestro continente, de nuestro planeta, etc. Y también igual que ellas debemos ocuparnos de cumplir con nuestra parte de la mejor manera posible, colaborando y ayudándonos mutuamente para el bien común, teniendo en cuenta que todo esto será  siempre con la incondicional ayuda  de Quien es y será el  auténtico  Creador.

Dra. Elísabet
Licenciada en medicina y cirugía





Participamos en la FENCYT 2011

28 09 2011

Proyecto 2011

(Descargar)





Creo en mi corazón

28 09 2011

Creo en mi corazón, ramo de aromas
que mi Señor como una fronda agita,
perfumando de amor toda la vida
y haciéndola bendita.

Creo en mi corazón, el que no pide
nada porque es capaz del sumo ensueño
y abraza en el ensueño lo creado:
¡inmenso dueño!

Creo en mi corazón, que cuando canta
hunde en el Dios profundo el franco herido,
para subir de la piscina viva
recién nacido

Creo en mi corazón, el que tremola
porque lo hizo el que turbó los mares,
y en el que da la Vida orquestaciones
como de pleamares.

Creo en mi corazón, el que yo exprimo
para teñir el lienzo de la vida
de rojez o palor y que le ha hecho
veste encendida.

Creo en mi corazón, el que en la siembra
por el surco sin fin fue acrecentando.
Creo en mi corazón, siempre vertido,
pero nunca vaciado.

Creo en mi corazón, en que el gusano
no ha de morder, pues mellará a la muerte;
creo en mi corazón, el reclinado
en el pecho de Dios terrible y fuerte.

Gabriela Mistral





Bienvenida Primavera

19 09 2011





Trabajo y Producción

16 09 2011